Se acercan las fiestas de Quito, y con ellas los noveleros de todos los bandos. Por un lado tenemos a los aniñados que por irse de farra son capaces de gastar hasta el ùltimo centavo de su sueldo (o mesada) para irse a una de estas fiestas privadas con costos que fluctúan entre 40 a 80 dólar.- Cómo te vas a gastar 40 dólares en una fiesta, no seas tan huevón! le dije.
- Es que no te imaginas el farrón que se va a armar en el Blues, barra libre de lo que quieras hasta morir y hasta ceviche te van a dar de desayuno!!! me dice un ex compañerito de la U.
Por otro lado tenemos a los que sufren metamorfosis ibérica a comienzos de diciembre. Muchos se quejan de la crueldad hacia los toros, pero nadie habla de la crueldad de nosotros los transeuntes que tenemos que verlos cerca de la plaza de toros borrachos con sus mejores prendas de vestir, sombrero de cowboy o de paja toquilla (al más puro estilo Freddy Elhers), botas de cuero en punta, bota de vino y demás artículos que los asemejen a sus puras raices españolas. Es sin duda una oda a la banalidad pero sobre todo a la novelería y al desapego a otras manifestaciones culturales que verdaderamente nos identifican como mestizos que somos.
Y hablando de novelerias tenemos a los peores de todos, a los noveleros-activistas-ecologistas y defensores de los animales. Estos tipos piensan que la única fecha en la que se cometen atentados contra los animales es entre el 1ro y 8 de diciembre. Entonces ellos salen a las calles con sus cartelitos contra las corridas de toros. Nunca les he visto verdaderamente indignados reclamar fuera de la plaza, al contrario, siempre los veo tomando una que otra cerveza cagados de risa hasta que llegan las cámaras de Ecuavisa y entonces empiezan a vociferar consignas activistas.
Si tan solo estos ecologistas se compadecieran de los seres humanos de la misma manera y con el mismo entusiasmi que con un animal que de todos modos le van a dar el vire en el camal.











