No soy un quiteño empedernido, amo mi ciudad pero no al punto (provinciano) de querer poner en la bandera de mi ciudad "quito independiente", "madera de quiteño", "100% quiteño", etc. Lo chévere de Quito es pensar, en principio, en una ciudad frívola y cosmopolita, pero dándole ocasión a la ciudad para mostrarse a través de la historia, se puede concebir una ciudad llena de mitos, cuentos y verdades alrededor de la conquista española y nuestro comportamiento colectivo actual. El libro "La lagartija que abrió la calle mejía" ofrece la oportunidad de descubrir las costumbres quiteñas, eventos importantes de la historia y sitios tradicionales como El Ejido, el parque la Alameda, Iñaquito, San Blas, la 24 de mayo y manifestar sus orígenes en detalle.Siguiendo con la línea quiteña, menciono el libro El sabor de la Memoria: historia de la cocina quiteña.
Trata de la cocina quiteña desde la época prehispánica y se analizan los productos originarios, los cambios en los sabores, los aportes de nuevos productos y la introducción de curiosos recursos para la elaboración de comidas tradicionales de Quito y otras partes de la serranía.Confesiones de un ganster económico. Básicamente cuenta la historia del autor, como espía de la CIA, encargado de sabotear gobiernos democráticos, negociar con transnacionales en favor de los EEUU , incrementar la deuda externa a paises como el nuestro y matar a presidentes como Jaime Roldos y Omar Torrijos (Panamá).
El terror Nazi. Un libro bastante completo que habla de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Lo aborda desde 3 puntos de vista: La Gestapo, el pueblo Judío y por último el pueblo alemán. Muy recomendable.
El guardian en el centeno. Ya se sabe que este libro lo usaron varios sicópatas como excusa para sus aberrantes comportamientos. El más célebre, el asesino de John Lennon, Marc Chapman. Sólo diré que cuando leo el libro de nuevo, me acuerdo de lo que era ser adolescente. No es un libro violento necesariamente, pero mueve muchas de esas emociones escondidas dentro de nosotros y que en esa época de nuestras vidas las sentíamos todo el puto tiempo.
